Los síntomas aparecen de forma progresiva, si bien es cierto que en ocasiones algunos desprendimientos pueden surgir de forma abrupta en un estado ya muy avanzado de la enfermedad.
Por norma general, los síntomas inmediatos no suponen una pérdida de visión relevante en los comienzos de la afección, lo cual puede retrasar peligrosamente el diagnóstico. A medida que la retina va separándose los síntomas alcanzan mayor notoriedad y gravedad.
Este proceso avanza de forma vertiginosa, por lo que resulta fundamental actuar cuanto antes desde los primeros síntomas e implementar el tratamiento lo antes posible.